Sevilla se enfrenta a un obstáculo que hasta hace poco apenas aparecía en el debate sobre la vivienda: la falta de capacidad en la red eléctrica. Promotores y empresarios llevan meses alertando de que determinados desarrollos residenciales e industriales pueden sufrir retrasos si no existe potencia disponible para conectarlos. El problema llega en un momento en el que la capital tiene miles de viviendas en construcción y prepara nuevos crecimientos para los próximos años.
La dificultad ya no consiste únicamente en disponer de suelo, obtener licencias o afrontar los costes de construcción. Las promociones necesitan también garantizar su conexión eléctrica, y la saturación que presentan numerosos nodos está añadiendo un nuevo condicionante al desarrollo inmobiliario.
El problema tiene alcance nacional. La saturación del sistema de distribución ha llegado a poner en riesgo el desarrollo de unas 350.000 viviendas en España, mientras que los análisis del sector advierten de que la falta de capacidad eléctrica puede retrasar tanto proyectos residenciales como nuevas inversiones empresariales.
BBVA Research ha advertido además de que ampliar una red eléctrica puede requerir entre cinco y ocho años, un plazo difícilmente compatible con la velocidad a la que están creciendo determinadas ciudades y su demanda energética.
La situación adquiere especial importancia en Sevilla por la cantidad de vivienda prevista. El Ayuntamiento asegura que actualmente se encuentran en construcción unas 15.000 viviendas en la ciudad, de las que 6.134 son protegidas, y que existen suelos en desarrollo con capacidad para levantar más de 33.000 nuevos hogares.
Todos estos crecimientos implicarán nuevas necesidades eléctricas. Viviendas, locales comerciales, sistemas de climatización, puntos de recarga y equipamientos necesitarán conectarse a una infraestructura que también debe absorber proyectos industriales y empresariales.
La Confederación Empresarial de Sevilla ya ha situado la saturación eléctrica entre las carencias que pueden limitar el crecimiento provincial. Su presidente, Miguel Rus, ha advertido de que la falta de capacidad puede impedir la llegada de inversiones y ha reclamado nuevas infraestructuras.
Los últimos datos publicados por e-distribución muestran cierta mejoría en Andalucía, aunque el problema está lejos de solucionarse. En julio, la comunidad pasó de tener seis provincias completamente saturadas a tres y aumentó el número de nodos con capacidad disponible.
Sevilla aparece precisamente como una de las provincias que conserva mayor margen, con unos 131 megavatios disponibles. Sin embargo, el 96,5% del conjunto de la red andaluza continuaba sin capacidad para incorporar nuevas demandas en el último mapa analizado.
Eso obliga a mirar cada desarrollo de manera individual: disponer de capacidad en una provincia no significa necesariamente que exista en el punto concreto donde pretende construirse una promoción.
En la propia capital, Endesa está ejecutando un importante refuerzo de sus infraestructuras. La compañía instalará 23 nuevos centros de transformación durante 2026 gracias a un acuerdo con el Ayuntamiento, con una inversión de 4,6 millones de euros.
Sumados a los doce impulsados durante 2025, Sevilla habrá incorporado 35 nuevos centros desde junio del año pasado, con una inversión acumulada de 6,6 millones. Algunos barrios como Cerro-Amate, Torreblanca o Palmete han llegado a duplicar o triplicar su potencia disponible.
Los nuevos centros incorporarán más de 79 kilómetros de cableado de media y baja tensión y una potencia conjunta de 26.640 kVA, suficiente, según los cálculos municipales, para abastecer a unos 13.200 nuevos clientes.
La paradoja aparece precisamente cuando Sevilla intenta acelerar la construcción para responder a la falta de vivienda. Desbloquear suelo y agilizar licencias puede resultar insuficiente si las nuevas promociones no encuentran después capacidad eléctrica disponible.
El reto pasa ahora por acompasar ambos crecimientos. Sevilla necesita más casas, pero también una red capaz de suministrar energía a los nuevos barrios, empresas y servicios que llegarán con ellas.
La electricidad se convierte así en un actor inesperado del problema residencial: una infraestructura invisible hasta que deja de tener capacidad y amenaza con transformar promociones completamente viables sobre el papel en proyectos obligados a esperar.
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