
Manolo Solo encontró en la música sevillana su primera vía artística antes de construir una reconocida carrera como actor
Mucho antes de convertirse en uno de los intérpretes más respetados del cine español, Manolo Solo formó parte activa de la escena musical de Sevilla. Durante sus años universitarios tocó, cantó y escribió canciones en varias bandas vinculadas a la movida local, desde Hacienda Somos Todos hasta Arden Lágrimas y Relicarios.
De Algeciras a Sevilla
Manolo Solo, cuyo nombre completo era Manuel Jesús Fernández Serrano, nació en Algeciras en 1964 y pasó buena parte de su infancia en Los Barrios. Posteriormente se trasladó a Sevilla para estudiar Ciencias de la Educación en la Universidad de Sevilla, una etapa que acabaría siendo determinante para su futuro artístico.
La capital hispalense le permitió entrar en contacto con una escena cultural en plena efervescencia. Antes de dedicarse profesionalmente a la interpretación, encontró en la música una primera forma de expresión y comenzó a relacionarse con algunos de los grupos que animaron el panorama sevillano durante los años ochenta.
Huérfano desde una edad temprana, adoptó el sobrenombre de Manolo Solo, el mismo con el que años más tarde sería reconocido en el cine y la televisión. Su recorrido artístico, sin embargo, comenzó sobre los escenarios y entre locales de ensayo.
Primeros grupos
En 1983, mientras cursaba Pedagogía, compaginaba las clases con su actividad como bajista y cantante en Hacienda Somos Todos. Aquel proyecto dejó incluso una anécdota especialmente recordada durante uno de sus conciertos.
Según recogió José Luis Ambrosio en el libro El rock bético, el público comenzó a lanzar objetos al escenario después de mostrar su descontento con la actuación. Mientras el resto de los integrantes abandonaba rápidamente el lugar, Manolo Solo permaneció frente al micrófono soportando la reacción de los asistentes.
Después se incorporó a Libertad Provisional, una formación con la que llegó a actuar en lugares como la Facultad de Educación o el club Casablanca de Chapina. La separación de esta banda abrió una nueva etapa dentro de su trayectoria musical.
La etapa de Arden
Tras la disolución de Libertad Provisional, Manolo Solo entró como bajista en Arden Lágrimas, uno de los grupos destacados de aquella escena sevillana. Compartió formación con José Casas, Jorge Clarasó, Nico Almagro y Juan Pájaro.
La banda instaló su local de ensayo en el barrio de Torreblanca y actuó en espacios como Extrarradio y Roll Dancing. También grabó varias canciones, entre ellas La ley del silencio, una de las piezas asociadas a esa etapa.
Arden Lágrimas desarrolló una propuesta marcada por los arreglos elaborados y un estilo de carácter barroco. El grupo consiguió conectar con el público en distintos festivales celebrados en lugares como Fuengirola, Ceuta y la provincia de Sevilla.
Nacen Los Relicarios
Una vez terminada la trayectoria de Arden Lágrimas, Manolo Solo y José Casas pusieron en marcha La Turmix. El proyecto cambiaría de nombre en 1989 para convertirse en Relicarios, banda a la que se incorporaron Santi Amodeo a la guitarra, Shipo Labrador al bajo y Manuel Escacena a la batería.
A comienzos de la década de los noventa, el grupo obtuvo el premio a la mejor formación de pop andaluz en el Certamen Regional de San Fernando. Ese reconocimiento les permitió grabar su primer disco de larga duración, titulado Detentebela.
Las canciones del álbum se caracterizaban por una atmósfera oscura y enigmática, con elementos surrealistas y referencias a la new wave británica. Manolo Solo participó especialmente en la elaboración de las letras, entre las que destacó Enamorado de Chrissie Hynde.
Problemas de distribución
El primer trabajo de Relicarios no alcanzó una repercusión amplia. Buena parte de la conversación en torno al lanzamiento estuvo relacionada con sus problemas de distribución, condicionados especialmente por una portada que utilizaba una antigua fotografía de contenido pornográfico.
Mientras la trayectoria del grupo perdía impulso, Solo comenzó a interesarse de forma creciente por la interpretación y el doblaje. Llegó a participar en producciones televisivas muy populares, entre ellas la versión doblada de Bola de Dragón.
Relicarios todavía consiguió autoeditar un segundo disco, Doblegado a tus pies. Sin embargo, la carrera de Manolo Solo empezó a desplazarse progresivamente hacia el terreno interpretativo, donde terminaría alcanzando su mayor reconocimiento.
El salto al cine
Su llegada a la interpretación profesional fue más tardía que la de otros actores, pero acabó consolidándose gracias a una notable versatilidad. A lo largo de las décadas posteriores participó en más de medio centenar de títulos y se convirtió en un rostro habitual de algunas de las producciones españolas más destacadas.
Entre sus trabajos figuraron películas como El laberinto del fauno, Celda 211 y La isla mínima, esta última ambientada en Sevilla. También dejó una amplia trayectoria televisiva y, en sus últimos años, formó parte de la miniserie Anatomía de un instante.
Su interpretación en Tarde para la ira le valió el Premio Goya al mejor actor de reparto en 2016. Además, recibió otras cuatro nominaciones por B, la película, El buen patrón, Cerrar los ojos y Una quinta portuguesa.
Una trayectoria reconocida
Manolo Solo falleció a los 62 años después de padecer cáncer. Su muerte provocó una fuerte conmoción en el ámbito cultural, donde era considerado uno de los actores más sólidos y discretos de su generación.
A pesar de su estrecha vinculación con Sevilla y con la escena musical de la ciudad, siempre mantuvo presente su origen campogibraltareño. Durante su carrera ejerció como defensor del potencial cinematográfico de Algeciras y del conjunto del Campo de Gibraltar.
Su recorrido permite descubrir una faceta menos conocida del intérprete: la de un músico que vivió desde dentro la efervescencia cultural sevillana, escribió letras, tocó el bajo y participó en bandas que dejaron huella antes de que el cine terminara convirtiéndolo en una figura imprescindible.


