Investigación sobre el cambio climático y las praderas marinas

La Consejería de Universidad, Industria, Energía e Innovación apoya un estudio de la Universidad de Cádiz que ha revelado que el calentamiento de las aguas marinas puede mermar la habilidad de las praderas marinas para actuar como repositorios de carbono. La investigación indica que, a medida que se incrementa la temperatura del agua, se reduce la producción de materia orgánica durable, lo que es crucial para retener el carbono durante prolongados periodos en el océano.

Este análisis, que se llevó a cabo junto al Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona y el Centro Leibniz de Investigación Tropical Marina en Alemania, se centra en el concepto de carbono azul, el cual se refiere a la capacidad de los hábitats costeros para capturar y almacenar dióxido de carbono, contribuyendo así a mitigar la emisión de gases de efecto invernadero.

Los investigadores identificaron que, aunque tradicionalmente se ha considerado el carbono almacenado en los sedimentos, hay otro componente significativo: el carbono orgánico disuelto recalcitrante, que es una forma de carbono que se libera al agua y que ha sido generalmente desestimada en evaluaciones anteriores.

El cambio en las interacciones ecológicas

Durante el estudio, se simuló el funcionamiento de las praderas marinas de la Bahía de Cádiz. Se incluyeron especies como Cymodocea nodosa y Zostera noltei, y también se evaluó el impacto de la Halophila stipulacea, una planta invasora. Se llevaron a cabo experimentos bajo diferentes escenarios de temperatura, que reflejaban condiciones actuales y previsibles de calentamiento.

Los resultados mostraron que un incremento de temperatura de aproximadamente un 28% en la cantidad de carbono resistente, en comparación con el carbono fácilmente degradable, puede alterar la capacidad de secuestro de carbono de las praderas marinas. Esta investigación sugiere que, aunque los ecosistemas siguen funcionando, pierden parte de su potencial para funcionar como reservas a largo plazo.

A pesar de la presencia de la invasora, esta tuvo un impacto menor de lo que se había anticipado. Además de las conclusiones científicas, este estudio permite el desarrollo de modelos más precisos sobre el funcionamiento ecológico de estas zonas, lo que es vital para futuras estrategias de conservación y gestión de los ecosistemas marinos en el contexto del calentamiento global.